Todo ocurrió un 20 de Abril de 1999; estaba San Pablo en las puertas del cielo con la última persona que entraría en su jornada. Al acabar el día, se asomó a la ventana y empezó a observar y observar, hasta que tras mucho tiempo de pensamiento llegó a la conclusión de que lo que estaba viendo eran lucecitas.
Las había de muchos tipos; y a todas las guardaba en la memoria en forma de imagen. Unas le inspiraban miedo o asombro, otras tristeza y soledad. Pablo decidió comentarle sus experiencias a su compañero Mateo, el que le dijo que él en cada una de las imágenes de su pensamiento veía otras cosas diferentes; en la que Pablo notaba miedo, él sentía duda; y en lugar de tristeza veía incomprensión.
En otras lucecitas conseguían ver lo mismo como dolor y sufrimiento o soledad; aunque algunas conseguían ponerse caparazones duros de metal y aunque parecía ser una cosa, era otra bastante diferente… mientras que otras, sólo mostraban la mitad de ellas, pero ambos conseguían ver lo que eran realmente; a éstas, Pablo quiso llamarlas reintegraciones.
Algunas de estas lucecitas eran tan inteligentes que podían mostrarle sólo la parte que ellas querían que viesen las personas, consiguiendo de este modo introducir imágenes o pensamientos sin que la persona se dé cuenta.
Otras, sin embargo, conseguían agruparse de tal manera que todo el mundo las pudiera ver mejor… como las lucecitas oscuras que se hacían notar allí donde iban por la gran negatividad que tenían en su interior… o lo positivo…
Pero lo que a San Pablo más le impactó fue la existencia de unas que parecían tener dos caras, y según el momento o la persona con la que estuvieran conseguían sacar una u otra para su beneficio. Había lucecitas de todo tipo, y cada una era completamente diferente al resto, tanto que, algunas, eran tan simples que no parecían nada, pero se daba cuenta de que en el fondo tenían tanta luz como el resto… Por otro lado estaban unas que no eran lo que parecían; mostraban una cara y luego eran lo contrario, pero nunca nunca podrían ver lo que realmente tenían dentro.
Lucecitas de colores, vivas y atópicas, lucecitas que conseguían llenar el ambiente de chispas… pero que cada una del resto de las lucecitas, veían en las otras cosas completamente diferentes…
SOLEDAD...MIEDO......Bonito,¿Verdad? Pero cuidado, que tiene espinas...
Todo ocurrió un 20 de Abril de 1999; estaba San Pablo en las puertas del cielo con la última persona que entraría en su jornada. Al acabar el día, se asomó a la ventana y empezó a observar y observar, hasta que tras mucho tiempo de pensamiento llegó a la conclusión de que lo que estaba viendo eran lucecitas.
Las había de muchos tipos; y a todas las guardaba en la memoria en forma de imagen. Unas le inspiraban miedo o asombro, otras tristeza y soledad. Pablo decidió comentarle sus experiencias a su compañero Mateo, el que le dijo que él en cada una de las imágenes de su pensamiento veía otras cosas diferentes; en la que Pablo notaba miedo, él sentía duda; y en lugar de tristeza veía incomprensión.
En otras lucecitas conseguían ver lo mismo como dolor y sufrimiento o soledad; aunque algunas conseguían ponerse caparazones duros de metal y aunque parecía ser una cosa, era otra bastante diferente… mientras que otras, sólo mostraban la mitad de ellas, pero ambos conseguían ver lo que eran realmente; a éstas, Pablo quiso llamarlas reintegraciones.
Algunas de estas lucecitas eran tan inteligentes que podían mostrarle sólo la parte que ellas querían que viesen las personas, consiguiendo de este modo introducir imágenes o pensamientos sin que la persona se dé cuenta.
Otras, sin embargo, conseguían agruparse de tal manera que todo el mundo las pudiera ver mejor… como las lucecitas oscuras que se hacían notar allí donde iban por la gran negatividad que tenían en su interior… o lo positivo…
Pero lo que a San Pablo más le impactó fue la existencia de unas que parecían tener dos caras, y según el momento o la persona con la que estuvieran conseguían sacar una u otra para su beneficio. Había lucecitas de todo tipo, y cada una era completamente diferente al resto, tanto que, algunas, eran tan simples que no parecían nada, pero se daba cuenta de que en el fondo tenían tanta luz como el resto… Por otro lado estaban unas que no eran lo que parecían; mostraban una cara y luego eran lo contrario, pero nunca nunca podrían ver lo que realmente tenían dentro.
Lucecitas de colores, vivas y atópicas, lucecitas que conseguían llenar el ambiente de chispas… pero que cada una del resto de las lucecitas, veían en las otras cosas completamente diferentes…